Cosas extrañas de la vida. En dos días consecutivos, dos letras abandonaron mi abecedario.
Ambas en el ánimo de hallar paraísos personales. Ambas en otros lugares, distintos de esta ciudad de acero y noche.
Podría lamentar lo sucedido, pero no me queda duda que era lo mejor. Desde el principio sólo esperé pequeñas fugas entre el mar del tedio y la tensión. No hubo más.
El primer adiós era esperado. Con un par de copas en la mano brindamos por la nueva vida hacia la que se dirige. No quise entregarme al sentimentalismo, resolví un secreto que siempre me intrigó y me dispuse a mirar sus ojos por última vez en la esquina de Bolívar y 16 de septiembre.
Algo me dice que volveré a verla algún día. Se aferró en la salvación de quien le prometió un cuaderno en blanco, de satinadas hojas y lejos de las trituradoras cotidianas. Quizá sea una apuesta exitosa y terminará del otro lado del Atlántico; que es lo que en el fondo quiere, el príncipe que se la lleve hacia un castillo donde la protegerá de sí misma y de todos los demás.
Mucha suerte y un beso en la frente.
Al día siguiente otra letra se despidió; ésta lo hizo de manera sorpresiva. Tampoco es que fuera demasiado importante: desde el primer encuentro quedó claro que lo que le movía era simple deseo de viajar en la misma canoa mientras las corrientes no definían el curso de su vida.
Sucedió que halló quien pudiera vivir con sus ataques de enojo, con sus prisas. Yo no podría haberlo hecho mejor; así, casual lo dijo, quizá con un dejo de sentimentalismo, habido el hecho de que le dió un poco de pena admitir que por algunos meses había aceptado pasar ratos aquí mientras otros estab a la iglesia rezando por su alma y la de su diptongo.
Con el paso de los años me he tornado un poco cínico. Los dilemas morales quedaron atrás muchos años ha. Sin embargo, al ver cómo se alejan con alegría hacia sus nuevos destinos, es que pienso que incluso hay letras que puedes borrar alegremente de tu cuaderno.
Otro beso en la frente.
La vida de un tipo que se hace llamar periodista en el México de la primera década del siglo XXI. Y un hombre de letras, según.
Friday, March 21, 2014
Tuesday, January 21, 2014
AZOTEA
Las luces citadinas son diferentes cuando las vemos desde una azotea. Más cuando alguien te dice "te quiero" así de frente.
Es tal como sucedió.
Apenas el frío comenzaba a calar en el otoño de esta ciudad. Era un octavo (¿séptimo?) piso, pero después de una noche de tragos y baile y las cosas que se dicen cuando la gente celebra el fin de un ciclo y el inicio del siguiente.
Es curioso. Nuestra primera cita la pensé como sólo un asunto laboral, pero cuando me hicieron saber y ver que llevaba un vestido floreado que nunca usaba, fue que me sentí en una insólita emboscada.
Sin embargo, ella con el tiempo se hizo de un novio, por lo que la cosa se enfrió, una parte porque a ella se le acabó el tiempo libre y por otra debido a que, después de 15 años jugando papeles secundarios en teatros ajenos, decidí que ya no era mi tiempo en tales foros.
Así las cosas transcurrieron por meses, pero una vez que (el siempre inefable alcohol) aligeró sus tensiones en una azotea de esta ciudad, me lo dijo. Me dijo que me quería y que me quería mucho. Eras atrás esas palabras hubieran sido un mágico traslado hacia el Paraíso. Me hubiera hecho dejarlo todo e iniciar la guerra por su alma y su cuerpo.
Pero ya no.
Ahora, con los años, he aprendido que las pulsiones detrás de las palabras son de lo más variables. Unas veces responden a profundas crisis, otras responden sólo a los impulsos incontrolables de la carne y de la culpa. No le dije nada y ni siquiera cuando caminamos juntos por las calles de la madrugada capitalina pensé que había que hacer algo.
Sólo me limité a asentir y pensar que a veces, la respuesta más tierna es el silencio.
Es tal como sucedió.
Apenas el frío comenzaba a calar en el otoño de esta ciudad. Era un octavo (¿séptimo?) piso, pero después de una noche de tragos y baile y las cosas que se dicen cuando la gente celebra el fin de un ciclo y el inicio del siguiente.
Es curioso. Nuestra primera cita la pensé como sólo un asunto laboral, pero cuando me hicieron saber y ver que llevaba un vestido floreado que nunca usaba, fue que me sentí en una insólita emboscada.
Sin embargo, ella con el tiempo se hizo de un novio, por lo que la cosa se enfrió, una parte porque a ella se le acabó el tiempo libre y por otra debido a que, después de 15 años jugando papeles secundarios en teatros ajenos, decidí que ya no era mi tiempo en tales foros.
Así las cosas transcurrieron por meses, pero una vez que (el siempre inefable alcohol) aligeró sus tensiones en una azotea de esta ciudad, me lo dijo. Me dijo que me quería y que me quería mucho. Eras atrás esas palabras hubieran sido un mágico traslado hacia el Paraíso. Me hubiera hecho dejarlo todo e iniciar la guerra por su alma y su cuerpo.
Pero ya no.
Ahora, con los años, he aprendido que las pulsiones detrás de las palabras son de lo más variables. Unas veces responden a profundas crisis, otras responden sólo a los impulsos incontrolables de la carne y de la culpa. No le dije nada y ni siquiera cuando caminamos juntos por las calles de la madrugada capitalina pensé que había que hacer algo.
Sólo me limité a asentir y pensar que a veces, la respuesta más tierna es el silencio.
DE PASEO
Sí. Era un poco raro. Las primeras veces que nos vimos, era un poco arisca, llena de resentimientos y frustraciones. Era un mazo de hostilidades. Alguien se preguntará cuál era mi interés en ella.
Bueno, sólo diré que es lo más cercano a una caricatura japonesa que he visto en persona: cabello negro, largo; tez blanca, alta y delgada, ojos enormes y todo lo demás. Y sí, fueron citas extrañas; por momentos parecía que hablaba con alguien que se hallaba a decenas de kilómetros de distancia. Sin embargo, desde que la conocí me di cuenta que sería complicado llegarla a conocer y llegar al fondo de la maraña de quien lleva consigo un cuerpo que le condena a ser vista como un objeto.
Pero nada de eso era problema para mí. Al fin y al cabo, con el paso de los años me he tornado en un especialista de la curiosidad. Así las cosas, mientras recorríamos la ciudad en taxi; de pronto se acurrucó junto a mi y cerró los ojos. Sin querer me dí cuenta de lo que tenía entre mis brazos; una niña de apenas 20 años que confiaba sus sueños a mi abrazo.
Claro, cuando despertó ya estábamos en otro planeta.
Y entonces recordé lo que decía el poeta Robert Browning
The year’s at the spring,
And day’s at the morn;
Morning’s at seven;
The hill-side’s dew-pearled;
The lark’s on the wing;
The snail’s on the thorn;
God’s in His heaven—
All’s right with the world!
Bueno, sólo diré que es lo más cercano a una caricatura japonesa que he visto en persona: cabello negro, largo; tez blanca, alta y delgada, ojos enormes y todo lo demás. Y sí, fueron citas extrañas; por momentos parecía que hablaba con alguien que se hallaba a decenas de kilómetros de distancia. Sin embargo, desde que la conocí me di cuenta que sería complicado llegarla a conocer y llegar al fondo de la maraña de quien lleva consigo un cuerpo que le condena a ser vista como un objeto.
Pero nada de eso era problema para mí. Al fin y al cabo, con el paso de los años me he tornado en un especialista de la curiosidad. Así las cosas, mientras recorríamos la ciudad en taxi; de pronto se acurrucó junto a mi y cerró los ojos. Sin querer me dí cuenta de lo que tenía entre mis brazos; una niña de apenas 20 años que confiaba sus sueños a mi abrazo.
Claro, cuando despertó ya estábamos en otro planeta.
Y entonces recordé lo que decía el poeta Robert Browning
The year’s at the spring,
And day’s at the morn;
Morning’s at seven;
The hill-side’s dew-pearled;
The lark’s on the wing;
The snail’s on the thorn;
God’s in His heaven—
All’s right with the world!
Thursday, December 19, 2013
LOS PEQUEÑOS TSUNAMIS
Dicen los marineros que los tsunamis (esas olas gigantes que lo destruyen todo a su paso) no se ven a mar abierto y sólo revelan su naturaleza pocos cientos de metros antes de descargar su furia en las playas llenas de desprevenidos.
A veces la existencia es así: imprevisible, con desastres a la vuelta de la esquina que sólo asoman su existencia cuando no se puede correr lejos ni apartarse de ellos.
Son olas cotidianas para las que nadie está entrenado a sortear. Sólo vienen y lo estrellan a uno contra la arena.
Podemos culparnos de no haber visto venir el desastre, podemos hacer como si todo fue un acto de la coincidencia entre casualidad de la que somos impotentes testigos.
Sin embargo, pienso algo distinto. Vemos la ola venir, con su nube de espuma avanzando hacia nosotros. Quizá la miramos con fascinación. Probablemente incluso caminamos hacia ella con una mecla de curiosidad y miedo. El barrunto del desastre nos llena de ganas de vivirlo pero al mismo tiempo de salir corriendo de él.
El desastre es, pues, algo inevitable. A veces queremos correr, salir volando. Pero es imposible. Miramos aproximarse el infortunio, pero no hacemos algo para impedirlo. Al contrario, lo único que hacemos es mirar.
Y mirar
Y esperar.
A veces la existencia es así: imprevisible, con desastres a la vuelta de la esquina que sólo asoman su existencia cuando no se puede correr lejos ni apartarse de ellos.
Son olas cotidianas para las que nadie está entrenado a sortear. Sólo vienen y lo estrellan a uno contra la arena.
Podemos culparnos de no haber visto venir el desastre, podemos hacer como si todo fue un acto de la coincidencia entre casualidad de la que somos impotentes testigos.
Sin embargo, pienso algo distinto. Vemos la ola venir, con su nube de espuma avanzando hacia nosotros. Quizá la miramos con fascinación. Probablemente incluso caminamos hacia ella con una mecla de curiosidad y miedo. El barrunto del desastre nos llena de ganas de vivirlo pero al mismo tiempo de salir corriendo de él.
El desastre es, pues, algo inevitable. A veces queremos correr, salir volando. Pero es imposible. Miramos aproximarse el infortunio, pero no hacemos algo para impedirlo. Al contrario, lo único que hacemos es mirar.
Y mirar
Y esperar.
Thursday, October 31, 2013
LUGAR INCORRECTO
Vivimos bajo la tentación perenne de añorar los tiempos idos. Soñar cuando las cosas eran más puras, los sentimientos auténticos y las canciones nacían del corazón y no del condenable dinero.
No pienso tales cosas. Sin embargo recuerdo muy buen aquel mal lugar. Un amigo me llevó en alguna fecha de juerga que no recuerdo. Como todos los sitios de esta naturaleza, era lugar sólo para iniciados; ubicado en el sótano de un edificio, en realidad parecía una bodega sin más pobladores que fantasmales meseros y botellas en labios de letras consonantes.
Me enamoré de ese sitio (porque no podía llamarlo de otro modo).
Era el único sitio donde podía poner mis ideas en desorden, con la paz de que nadie me preguntaría nada de lo que estaba haciendo allí. Porque podía llegar sólo e irme sólo un par de horas después, luego de haber tomado una o dos cervezas y conversado (si me apetecía) con alguna letra que brillara bajo la luz negra.
Conocer a la gente que habita los rincones de la madrugada siempre me proveyó de sorpresas y alegrías. Hubo charlas de lo más sublime a lo más profano. Amistades que llegaron y se fueron. Vidas que alegraron momentos de la vida y se apagaron con el ir y venir de lo cotidiano.
Años pasaron. Y apenas me entero que tal sótano ya no es más. Devorado por los nuevos aires de nuestro tiempo. Por la moralidad laica de nuestra época y porque es el destino de lo clandestino: ser borrado apenas llega la luz de una nueva época.
Quizá volverán estos lugares a existir. Quizá no. El mundo cambia sin que nos pida licencia de construcción. Sin embargo, en el mundo de mis recuerdos, siempre estará el sótano recibiendo mis silencios, calmando mis pesadillas y brindándome un saludo sin gestos ni más requisito que unos pesos embotellados.
No pienso tales cosas. Sin embargo recuerdo muy buen aquel mal lugar. Un amigo me llevó en alguna fecha de juerga que no recuerdo. Como todos los sitios de esta naturaleza, era lugar sólo para iniciados; ubicado en el sótano de un edificio, en realidad parecía una bodega sin más pobladores que fantasmales meseros y botellas en labios de letras consonantes.
Me enamoré de ese sitio (porque no podía llamarlo de otro modo).
Era el único sitio donde podía poner mis ideas en desorden, con la paz de que nadie me preguntaría nada de lo que estaba haciendo allí. Porque podía llegar sólo e irme sólo un par de horas después, luego de haber tomado una o dos cervezas y conversado (si me apetecía) con alguna letra que brillara bajo la luz negra.
Conocer a la gente que habita los rincones de la madrugada siempre me proveyó de sorpresas y alegrías. Hubo charlas de lo más sublime a lo más profano. Amistades que llegaron y se fueron. Vidas que alegraron momentos de la vida y se apagaron con el ir y venir de lo cotidiano.
Años pasaron. Y apenas me entero que tal sótano ya no es más. Devorado por los nuevos aires de nuestro tiempo. Por la moralidad laica de nuestra época y porque es el destino de lo clandestino: ser borrado apenas llega la luz de una nueva época.
Quizá volverán estos lugares a existir. Quizá no. El mundo cambia sin que nos pida licencia de construcción. Sin embargo, en el mundo de mis recuerdos, siempre estará el sótano recibiendo mis silencios, calmando mis pesadillas y brindándome un saludo sin gestos ni más requisito que unos pesos embotellados.
Sunday, July 28, 2013
LUZ FRÍA
Me lo contó mientras mirábamos el techo y afuera llovía: habían matado a su primo. Como suele suceder con tantas historias de nuestro tiempo, las causas eran confusas, pero el patrón similar: un hombre joven sale de un baile con unos tragos encima. No llega a casa y días más tarde las autoridades descubren el cuerpo en un canal a cielo abierto.
Es, en cierto modo, la misma historia leída en los diarios y visto en la televisión una y otra vez: padres desconsolados, familiares sorprendidos y amigos que declaran sorprendidos que no tenía enemigos ni hiciera algo raro.
Sin embargo hay una diferencia. Me cuenta la historia bajo la penumbra iluminada apenas por el televisor sintonizado en algún canal olvidable. Me la cuenta de manera triste y monótona con voz murmurada, como quien hace cuentas de memoria, apenas entreabriendo los labios.
Me platica el colofón íntimo: una madre devastada y enferma por la pérdida; una familia que pierde al único vástago sin apenas haber llegado a la veintena de años. Sueños de terminar una carrera y una novia que según sospechas que más suenan a búsquedas de una explicación, podría ser helena de troya en un barrio periférico de la ciudad.
Mientras me abraza su piel morena y cierra los ojos sin saber con certeza quién le escucha, no dejo de pensar en lo mucho que ha pasado bajo nuestros ríos de sangre; que quizá es más cierto eso que dicen: la guerra nos hace silenciosos ante el horror. Al llegar a casa reviso el caudal de información y no hallo nada, ni siquiera el parte de levantamiento del cuerpo que debería estar en cualquier revista de nota roja.
A esto hemos llegado; una muerte ya no causa atención. Así es el nuevo cotidiano. Mientras tanto, ella se queda dormida. Es cierto: muertos sobran en esta vida. Pero también hay que vivir, aunque sea bajo la luz fría del neón que ilumina las sábanas.
Cuando salimos a la calle, las calles brillan de humedad y la Alameda exhuda su aroma vegetal que reserva para las ocasiones importantes. Ella toma un taxi.
Yo camino.
Es, en cierto modo, la misma historia leída en los diarios y visto en la televisión una y otra vez: padres desconsolados, familiares sorprendidos y amigos que declaran sorprendidos que no tenía enemigos ni hiciera algo raro.
Sin embargo hay una diferencia. Me cuenta la historia bajo la penumbra iluminada apenas por el televisor sintonizado en algún canal olvidable. Me la cuenta de manera triste y monótona con voz murmurada, como quien hace cuentas de memoria, apenas entreabriendo los labios.
Me platica el colofón íntimo: una madre devastada y enferma por la pérdida; una familia que pierde al único vástago sin apenas haber llegado a la veintena de años. Sueños de terminar una carrera y una novia que según sospechas que más suenan a búsquedas de una explicación, podría ser helena de troya en un barrio periférico de la ciudad.
Mientras me abraza su piel morena y cierra los ojos sin saber con certeza quién le escucha, no dejo de pensar en lo mucho que ha pasado bajo nuestros ríos de sangre; que quizá es más cierto eso que dicen: la guerra nos hace silenciosos ante el horror. Al llegar a casa reviso el caudal de información y no hallo nada, ni siquiera el parte de levantamiento del cuerpo que debería estar en cualquier revista de nota roja.
A esto hemos llegado; una muerte ya no causa atención. Así es el nuevo cotidiano. Mientras tanto, ella se queda dormida. Es cierto: muertos sobran en esta vida. Pero también hay que vivir, aunque sea bajo la luz fría del neón que ilumina las sábanas.
Cuando salimos a la calle, las calles brillan de humedad y la Alameda exhuda su aroma vegetal que reserva para las ocasiones importantes. Ella toma un taxi.
Yo camino.
Friday, July 05, 2013
X2
Dos lugares, dos tiempos, dos ritmos al caminar. Dos maneras para entrar en la habitación oscurecida.
En un principio creía que multiplicar era una cuestión de altas matemáticas. Sin embargo, con el paso del tiempo, me encontré que todo era tan fácil y tan natural; más que la sencilla aritmética que me enseñaron mis maestros cuando apenas contaba con los dedos.
Puedo decir en mi defensa que no fue invención mía. Supongo que miles han pasado por el mismo cálculo: primero uno, luego uno y luego dos en sucesión contínua. Sólo es cosa de cuidar los detalles: concentrarse en los nombres correctos, las conversaciones precisas. No repetir nada, siempre borrar el disco duro tras cada despedida. Una suerte de baile con dos canciones a la vez.
Pero es posible.
Es una cuestión de metodología supongo. Algo que aprendes en el curso de álgebra básica: hacer que las letras cuenten y que uno cuente para las letras.
En un principio creía que multiplicar era una cuestión de altas matemáticas. Sin embargo, con el paso del tiempo, me encontré que todo era tan fácil y tan natural; más que la sencilla aritmética que me enseñaron mis maestros cuando apenas contaba con los dedos.
Puedo decir en mi defensa que no fue invención mía. Supongo que miles han pasado por el mismo cálculo: primero uno, luego uno y luego dos en sucesión contínua. Sólo es cosa de cuidar los detalles: concentrarse en los nombres correctos, las conversaciones precisas. No repetir nada, siempre borrar el disco duro tras cada despedida. Una suerte de baile con dos canciones a la vez.
Pero es posible.
Es una cuestión de metodología supongo. Algo que aprendes en el curso de álgebra básica: hacer que las letras cuenten y que uno cuente para las letras.
Friday, June 07, 2013
LA MALA LETRA
Fue hace algunos años. Era una letra voluptuosa en la cadencia y con sonrisa inocente. Claro, había detalles perturbadores; uno de ellos su tatuaje de la Santa Muerte en el hombro con el que se defendía del mundo hostil que le rodeaba mientras que por el otro lado atraía las miradas lascivas y admiradas de hombres y mujeres al mismo tiempo.
Era algo digno de verse.
Otro tanto era la casa donde habitaba y la familia con la que convivía. No era para gente de ánimo débil. Siempre me quedé pensando que quizá no era la letra más adecuada para escribir en finas libretas Moleskine pero es a veces lo que uno pide inconscientemente; trazos agresivos con espray entre los renglones finamente delineados con tintas alemanas y lápices del Viejo Mundo.
De hecho alguna vez jugué con la idea de llevarla conmigo a una de las fiestas estiradas donde más de uno quizá hubiera sentido lo mismo que yo la primera vez que la conocí: una atracción sensual y un tremor de peligro a la vuelta de la esquina. La cosa duró algunos meses pero no demasiado; me di cuenta que hay letras que sólo pueden ocupar segmentos muy específicos de los calendarios, pero no el ciclo completo.
Pasan los años, y me entero de la noticia: es una letra cautiva. Y no de manera figurada: está en la cárcel por tráfico de drogas. De las pocas veces cuando vale la pena tirar el auricular de la impresión, como en las películas.
No pude decir nada más que balbuceos. Al fin y al cabo lleva años allí refundida. La historia es por un lado un enredo de nuestro infierno impartidor de justicia, mientras que por el otro el desenlace de una vida que era obvio iba en rumbo de colisión hacia cosas nada agradables.
Ya es demasiado tarde para hacer algo. Sólo puedo pensar que quizá, debajo de las tapas de mis cuadernos, hay apuntes extremadamente sui generis.
Era algo digno de verse.
Otro tanto era la casa donde habitaba y la familia con la que convivía. No era para gente de ánimo débil. Siempre me quedé pensando que quizá no era la letra más adecuada para escribir en finas libretas Moleskine pero es a veces lo que uno pide inconscientemente; trazos agresivos con espray entre los renglones finamente delineados con tintas alemanas y lápices del Viejo Mundo.
De hecho alguna vez jugué con la idea de llevarla conmigo a una de las fiestas estiradas donde más de uno quizá hubiera sentido lo mismo que yo la primera vez que la conocí: una atracción sensual y un tremor de peligro a la vuelta de la esquina. La cosa duró algunos meses pero no demasiado; me di cuenta que hay letras que sólo pueden ocupar segmentos muy específicos de los calendarios, pero no el ciclo completo.
Pasan los años, y me entero de la noticia: es una letra cautiva. Y no de manera figurada: está en la cárcel por tráfico de drogas. De las pocas veces cuando vale la pena tirar el auricular de la impresión, como en las películas.
No pude decir nada más que balbuceos. Al fin y al cabo lleva años allí refundida. La historia es por un lado un enredo de nuestro infierno impartidor de justicia, mientras que por el otro el desenlace de una vida que era obvio iba en rumbo de colisión hacia cosas nada agradables.
Ya es demasiado tarde para hacer algo. Sólo puedo pensar que quizá, debajo de las tapas de mis cuadernos, hay apuntes extremadamente sui generis.
Saturday, December 29, 2012
A POSTERIORI
¿Hay venganza?
Hace unas semanas me enteré de lo que había sucedido. Se casó finalmente. No lo digo con especial satisfacción. Fue un poco raro porque la noticia llegó con más de un año de retraso y en realidad fue algo que me sorprendió por el carácter del esposo. Pero eso no es cosa mía.
En realidad me sorprende el desenlace de esta historia que se prologó por más de 20 años. No esperaba que el día señalado llegara a suceder; el día para cobrar la vieja cuenta, para señalar con todas las letras y a voz en cuello que he triunfado, que cuando envió un correo señalando que había cometido un “enorme error”, no era más que un sueño que ella tenía de hacerse con el control de una situación que la rebasaba por entero. El hecho de que mi personalidad ya está más lejos de ella que de mí o que de nadie.
Como una suerte de historia contrafactual, la vida está llena de “what ifs”. ¿Qué hubiera pasado si ella se hubiera decantado por otra persona aquella tarde de nuestra adolescencia incomprensible? Las opciones que la vida nos proporciona son extrañamente ciertas y al mismo tiempo inesperadamente sorpresivas: quizá nuestras vidas estarían unidas de una manera jamás esperada; quizá pudieron haberse creado universos paralelos; a lo mejor podría estar soñando escribir este texto mientras en la recámara de al lado un par de críos y una esposa me estarían esperando.
Pero decidí que no fuera así. Una pequeña diferencia trivial de unos pocos días que poco a poco fue creando una realidad propia y un par de destinos separados que sólo se encontraron fortuitamente entre la casualidad y un ligero deseo de revancha. Pero, cosas de la vida, el destino la colocó en un lugar muy lejano, un poco como a mí, un poco apartados en ambos lados del universo. Ella en su vida, yo en la mía y ambos quizá reconstruyendo la quimera de una existencia que jamás será como en algún momento deseamos que ocurriese.
Así es la vida, después de todo; una serie de caminos que se hallan o se dispersan por en medio de todo. Una existencia que no se entiende si no es por la serie de coincidencias que nos ponen uno frente a otro, pero que no cesan de separarnos cuendo es preciso y necesario. Pero es la ley de la naturaleza y de la existencia; que nadie dude de ello.
La coincidencia le da orden a nuestras vidas.
Hace unas semanas me enteré de lo que había sucedido. Se casó finalmente. No lo digo con especial satisfacción. Fue un poco raro porque la noticia llegó con más de un año de retraso y en realidad fue algo que me sorprendió por el carácter del esposo. Pero eso no es cosa mía.
En realidad me sorprende el desenlace de esta historia que se prologó por más de 20 años. No esperaba que el día señalado llegara a suceder; el día para cobrar la vieja cuenta, para señalar con todas las letras y a voz en cuello que he triunfado, que cuando envió un correo señalando que había cometido un “enorme error”, no era más que un sueño que ella tenía de hacerse con el control de una situación que la rebasaba por entero. El hecho de que mi personalidad ya está más lejos de ella que de mí o que de nadie.
Como una suerte de historia contrafactual, la vida está llena de “what ifs”. ¿Qué hubiera pasado si ella se hubiera decantado por otra persona aquella tarde de nuestra adolescencia incomprensible? Las opciones que la vida nos proporciona son extrañamente ciertas y al mismo tiempo inesperadamente sorpresivas: quizá nuestras vidas estarían unidas de una manera jamás esperada; quizá pudieron haberse creado universos paralelos; a lo mejor podría estar soñando escribir este texto mientras en la recámara de al lado un par de críos y una esposa me estarían esperando.
Pero decidí que no fuera así. Una pequeña diferencia trivial de unos pocos días que poco a poco fue creando una realidad propia y un par de destinos separados que sólo se encontraron fortuitamente entre la casualidad y un ligero deseo de revancha. Pero, cosas de la vida, el destino la colocó en un lugar muy lejano, un poco como a mí, un poco apartados en ambos lados del universo. Ella en su vida, yo en la mía y ambos quizá reconstruyendo la quimera de una existencia que jamás será como en algún momento deseamos que ocurriese.
Así es la vida, después de todo; una serie de caminos que se hallan o se dispersan por en medio de todo. Una existencia que no se entiende si no es por la serie de coincidencias que nos ponen uno frente a otro, pero que no cesan de separarnos cuendo es preciso y necesario. Pero es la ley de la naturaleza y de la existencia; que nadie dude de ello.
La coincidencia le da orden a nuestras vidas.
Tuesday, October 16, 2012
SENDEROS QUE SE UNIFICAN
Pensaba que tendría que justificar algunas de mis acciones. Pensé que tendría que dar un largo discurso. Imaginé que tendría que armar con lógica impecable la justificación de mis decisiones.
Pero nada de eso sucedió. Con sólo mirar sus ojos clavados en los míos y su tono de voz, me di cuenta de que no tendría problemas para tener su corazón de mi lado.
No preguntó nada; no susurró nada. Sólo clavó sus labios en mi cuello y lo bordó con sus besos. Yo complacido sonreí; su sinceridad era la mejor de las ofrendas que me podía hacer. Un pequeño precio hubo de ser pagado, por supuesto, pero fue un precio que yo me encuentro encantado y más que dispuesto a pagar.
Soy feliz, por ahora.
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Pero nada de eso sucedió. Con sólo mirar sus ojos clavados en los míos y su tono de voz, me di cuenta de que no tendría problemas para tener su corazón de mi lado.
No preguntó nada; no susurró nada. Sólo clavó sus labios en mi cuello y lo bordó con sus besos. Yo complacido sonreí; su sinceridad era la mejor de las ofrendas que me podía hacer. Un pequeño precio hubo de ser pagado, por supuesto, pero fue un precio que yo me encuentro encantado y más que dispuesto a pagar.
Soy feliz, por ahora.
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Thursday, March 15, 2012
A LITTLE BRAGGING
Un poco de risa me dio mientras caminábamos por Insurgentes. Con sus tacones, se miraba altísima, destacando sus hombros desnudos y su cintura, que reflejaba el sol de la tarde con su blusa apretada.
Los ojos de los transeúntes se miraban sorprendidos, más por el hecho que a su lado estaba yo, tomándola de la mano y acariciando sus curvas pícaramente.
En el alto de un semáforo me di el lujo de robarle varios besos, para que quedara claro que lo que aquellos admiraban tenía un dueño y que se entregaba a mí con todo su corazón.
Quizá Charles Bukowski estaría orgullos de ver este pequeño desplante; después de todo, él fue quien instigó estas performances para demostrarle al mundo que también hay victorias íntimas, que nadie podrá jamás arrebatar. Que nadie podrá jamás hacer olvidar.
Claro que lo mejor no lo vio nadie mas que yo. Cuando cerró sus ojos y se abrazó a mi, bajo el sol de primavera en invierno.
Eso me hizo recordar que de cuando en cuando, los seres humanos podemos presumir que estamos vivos.
Los ojos de los transeúntes se miraban sorprendidos, más por el hecho que a su lado estaba yo, tomándola de la mano y acariciando sus curvas pícaramente.
En el alto de un semáforo me di el lujo de robarle varios besos, para que quedara claro que lo que aquellos admiraban tenía un dueño y que se entregaba a mí con todo su corazón.
Quizá Charles Bukowski estaría orgullos de ver este pequeño desplante; después de todo, él fue quien instigó estas performances para demostrarle al mundo que también hay victorias íntimas, que nadie podrá jamás arrebatar. Que nadie podrá jamás hacer olvidar.
Claro que lo mejor no lo vio nadie mas que yo. Cuando cerró sus ojos y se abrazó a mi, bajo el sol de primavera en invierno.
Eso me hizo recordar que de cuando en cuando, los seres humanos podemos presumir que estamos vivos.
Thursday, January 26, 2012
LECCIONES MEMORABLES
- Antes que nada, el metamensaje. Siempre se olvida esto ante las palabras ajenas y las sonrisas dulces.
- Un caballero por antonomasia, se comporta como tal incluso en las condiciones más adversas. Algo similar recomienda el Hagakure.
- Gran reto: retroceder como quien se pierde por casualidad en el bosque.
- Marcar la raya en la arena es quizá una decisión difícil, pero necesaria.
- Siempre hay motivos, incluso de las acciones más banales.
- El individuo aprende, pero también lo hacen los demás con uno.
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- Un caballero por antonomasia, se comporta como tal incluso en las condiciones más adversas. Algo similar recomienda el Hagakure.
- Gran reto: retroceder como quien se pierde por casualidad en el bosque.
- Marcar la raya en la arena es quizá una decisión difícil, pero necesaria.
- Siempre hay motivos, incluso de las acciones más banales.
- El individuo aprende, pero también lo hacen los demás con uno.
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Tuesday, December 27, 2011
INSTANTE TAN BELLO
Lo he dicho incesantemente, lo importante son los instantes. Las grandes palabras, los conceptos etéreos suelen terminar como eso, como una sesión de anhelos disueltos en la amargura de la realidad desoladora.
Sin embargo, hay momentos que iluminan en su sencillez. Así es como pueden pasar algunas horas, pocos momentos para recuperar las complicadas relaciones que la vida le depara a quienes estamos enredados en la tarea de existir.
En pocas horas, una de esas imágenes, de tantas que pasan por mi escritorio se materializó en el plano de la realidad. No era algo que buscara con demasiado afán, pero sucedió. Todo con una tonada de Lou Reed en el fondo del atardecer... just a perfect day.
Desde que llegó con su pantalón entallado, su juvenil sonrisa de 19 años... y su modesto regalo dulce entre las manos. Fue una sorpresa, una suerte de obsequio a compensación de lo vivido en meses y años atrás. Pero la belleza del momento no terminó allí. De hecho se prolongó a lo largo de las horas que compartimos.
Como buen catador de caricias que he sido a lo largo de los años, he aprendido a conocer las tonalidades que pueden tener los labios y la piel tibia. Para mi sorpresa, allí estaba su cuerpo estrechándose contra el mío de manera natural. Su mano pidiendo que la enlazara entre mis dedos y sus labios buscando los míos enmedio de la oscuridad impostada. Todo mientras la luz y el sonido parecían ocurrir en una película lejana, simultáneamente ajena y muy propia.
Como veterano de las jornadas del desierto, esperaba que de momento a otro el espejismo se desvaneciera. Que de pronto despertara ella y se diera cuenta que todo había sido una ilusión en su día de descanso. Pero no fue así. Contra todos los pronósticos, ella persistió en su sonrisa discreta y buscando por instinto el toque travieso de la piel. Incluso cuando caminamos por la acera, se detuvo por un momento, y sin más me abrazó sin decirme nada, con cierto dejo de emoción en su rostro antes de hincar sus labios en los míos.
Raro, muy raro. Era como si fuera, como si existiera en realidad un plan, una realidad detrás de todo ello. Como si no fuera una coincidencia la que me atrajo hacia ella una tarde anodina, como si realmente fuera, como si realmente existiera. Como si todo fuera no una proyección en la pantalla de los párpados, como si todo fuera sólido y no una figuración de la mente y los sentidos.
Pero no, por algunos momentos la realidad irrumpió en el dominio de la ilusión y pudo proyectar las sensaciones de lo que pareciera un sencillo, pero al mismo tiempo indeleble momento. Uno menos en la cuenta, uno más a la memoria que no olvidará las horas de su mirada buscando mis aliento y su piel estrechando la esperanza de un futuro que para ella es apenas un trazo en lo incierto.
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Sin embargo, hay momentos que iluminan en su sencillez. Así es como pueden pasar algunas horas, pocos momentos para recuperar las complicadas relaciones que la vida le depara a quienes estamos enredados en la tarea de existir.
En pocas horas, una de esas imágenes, de tantas que pasan por mi escritorio se materializó en el plano de la realidad. No era algo que buscara con demasiado afán, pero sucedió. Todo con una tonada de Lou Reed en el fondo del atardecer... just a perfect day.
Desde que llegó con su pantalón entallado, su juvenil sonrisa de 19 años... y su modesto regalo dulce entre las manos. Fue una sorpresa, una suerte de obsequio a compensación de lo vivido en meses y años atrás. Pero la belleza del momento no terminó allí. De hecho se prolongó a lo largo de las horas que compartimos.
Como buen catador de caricias que he sido a lo largo de los años, he aprendido a conocer las tonalidades que pueden tener los labios y la piel tibia. Para mi sorpresa, allí estaba su cuerpo estrechándose contra el mío de manera natural. Su mano pidiendo que la enlazara entre mis dedos y sus labios buscando los míos enmedio de la oscuridad impostada. Todo mientras la luz y el sonido parecían ocurrir en una película lejana, simultáneamente ajena y muy propia.
Como veterano de las jornadas del desierto, esperaba que de momento a otro el espejismo se desvaneciera. Que de pronto despertara ella y se diera cuenta que todo había sido una ilusión en su día de descanso. Pero no fue así. Contra todos los pronósticos, ella persistió en su sonrisa discreta y buscando por instinto el toque travieso de la piel. Incluso cuando caminamos por la acera, se detuvo por un momento, y sin más me abrazó sin decirme nada, con cierto dejo de emoción en su rostro antes de hincar sus labios en los míos.
Raro, muy raro. Era como si fuera, como si existiera en realidad un plan, una realidad detrás de todo ello. Como si no fuera una coincidencia la que me atrajo hacia ella una tarde anodina, como si realmente fuera, como si realmente existiera. Como si todo fuera no una proyección en la pantalla de los párpados, como si todo fuera sólido y no una figuración de la mente y los sentidos.
Pero no, por algunos momentos la realidad irrumpió en el dominio de la ilusión y pudo proyectar las sensaciones de lo que pareciera un sencillo, pero al mismo tiempo indeleble momento. Uno menos en la cuenta, uno más a la memoria que no olvidará las horas de su mirada buscando mis aliento y su piel estrechando la esperanza de un futuro que para ella es apenas un trazo en lo incierto.
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Wednesday, September 21, 2011
GRACIAS
Antes que nada un agradecimiento:
Gracias por tu comentario anonimo. Ojala algun dia todo esto lo podamos platicar de su legado como quien cuenta historias sentado al pie de un árbol, mientras el rumor del viento se lleva la tristeza y la sublima hasta desparecer.
Pasó mucho tiempo antes de volver a ponerme a escribir en este blog. No ha sido por otra cosa sino porque sentía que no podría decir nada que no tuviera que ver con el triste espisodio ya por todos conocido (al menos por quien haya leido mis cavilaciones de los últimos dos años).
Así que, volver a empezar es algo complicado. Pero creo que va siendo hora. Es tiempo no sólo de salir al sol. Es tiempo también de retomar las narrativas de esta tierra, tan dolida en estos años, tan bañada en sangre un día sí y otro también.
Es tiempo, pues de emerger otra vez a la superficie.
Monday, September 19, 2011
ABRIR LOS LIBROS
Es el frabuloso día, como señala Alicia en la última versión de su historia.
He pensado en el pasado, en lo que ha sucedido. En los recuerdos que siguen tocando las puertas del inconciente.
¿Pude haber alterado la historia? ¿Pude haber llegado a salvarte en el último momento? Pude haber hecho tantas cosas, pero ahora la vida sigue su curso. Ya solo eres un recuerdo en muchas memorias, una voz que se difumina.
Yo aún no se si deseo acelerar el proceso que me salve, que nos saque de una vez por todas del mar de la amargura. Quiero pensar que si, que hay que acelerar el paso. Pero es en esos momentos cuando aparece tu voz encerrada en una llamada telefónica que se quedó grabada por accidente uno de los días de mi cumpleaños.
Tu misión en la vida quizá se cumplió de una manera extraña. Como un faro en la noche me adviertes y quizá a muchos les adviertes de lo temible que es el anhelo de autodestrucción. No te quisiste suicidar, pero decidiste caminar cerca, muy cerca del fuego de volcanes que luego habrían de arrojarte su lava implacable.
Hay que pensar en tu memorial, en tu homenaje, pero yo no tengo nada en mis manos. Todo lo tuyo que llegué a tener se ha perdido en el enojo de nuestras dos separaciones, que ahora me parecen un episodio tan absurdo y sin sentido.
O quizá no. Quizá en la paradoja extraña, esa fue tu mejor herencia, el no dejar nada tras de ti. El no dejar testamento ni memoria, el facilitar la tarea de erosión y del olvido. Sólo así podemos sobevivir, sacar la abeza y aspirar, una vez en cada brazada.
Es quizá lo que mejor pudiste hacer. Dejar claro que nuestros caminos se separaban para yo poder seguir adelante, mientras abrazabas causas y personas que no conocí mas que en los retratos de los diarios y los álbumes de días idos de protesta.
Y en esas andamos. Pensando en el pasado, hundido en el presente hasta las orejas y desdeñando el futuro, porque ahora lo se con mas claridad que nunca.
Solo somos átomos volando caóticos, dispersos en el éter.
Y por eso aún te recuerdo. En mis letras, en mi corazón fragmentario, en la plegaria que rezo esta noche, por tu memoria y mi redención
A dos años de tu partida.
Yo
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He pensado en el pasado, en lo que ha sucedido. En los recuerdos que siguen tocando las puertas del inconciente.
¿Pude haber alterado la historia? ¿Pude haber llegado a salvarte en el último momento? Pude haber hecho tantas cosas, pero ahora la vida sigue su curso. Ya solo eres un recuerdo en muchas memorias, una voz que se difumina.
Yo aún no se si deseo acelerar el proceso que me salve, que nos saque de una vez por todas del mar de la amargura. Quiero pensar que si, que hay que acelerar el paso. Pero es en esos momentos cuando aparece tu voz encerrada en una llamada telefónica que se quedó grabada por accidente uno de los días de mi cumpleaños.
Tu misión en la vida quizá se cumplió de una manera extraña. Como un faro en la noche me adviertes y quizá a muchos les adviertes de lo temible que es el anhelo de autodestrucción. No te quisiste suicidar, pero decidiste caminar cerca, muy cerca del fuego de volcanes que luego habrían de arrojarte su lava implacable.
Hay que pensar en tu memorial, en tu homenaje, pero yo no tengo nada en mis manos. Todo lo tuyo que llegué a tener se ha perdido en el enojo de nuestras dos separaciones, que ahora me parecen un episodio tan absurdo y sin sentido.
O quizá no. Quizá en la paradoja extraña, esa fue tu mejor herencia, el no dejar nada tras de ti. El no dejar testamento ni memoria, el facilitar la tarea de erosión y del olvido. Sólo así podemos sobevivir, sacar la abeza y aspirar, una vez en cada brazada.
Es quizá lo que mejor pudiste hacer. Dejar claro que nuestros caminos se separaban para yo poder seguir adelante, mientras abrazabas causas y personas que no conocí mas que en los retratos de los diarios y los álbumes de días idos de protesta.
Y en esas andamos. Pensando en el pasado, hundido en el presente hasta las orejas y desdeñando el futuro, porque ahora lo se con mas claridad que nunca.
Solo somos átomos volando caóticos, dispersos en el éter.
Y por eso aún te recuerdo. En mis letras, en mi corazón fragmentario, en la plegaria que rezo esta noche, por tu memoria y mi redención
A dos años de tu partida.
Yo
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Friday, April 22, 2011
PENSAMIENTO DE VACACIONES
Sin ponerme muy dramático considero que cualquier persona que se dedique a la letra debe leer el libro titulado "Cómo se escribe un periódico". De Miguel Ángel Bastenier.
Por lo demás sugiero que la gente lea lo que quiera, pero que no haga algo productivo.
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Por lo demás sugiero que la gente lea lo que quiera, pero que no haga algo productivo.
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Tuesday, December 07, 2010
LECCION DE OTOÑO
Las cosas que se pueden aprender con el tiempo. La madurez que se adquiere al confrontar la inocencia con las realidades del paso del tiempo.
Un poco más de certeza, un poco más de tranquilidad. Un poco más de rumbo y camino.
Un poco más de tiempo, dentro de lo que cabe, para mirar las cosas que son precisas de observar. Un poco de tiempo para soñar, para llevar los sueños hasta el amanecer.
Un poco más de tiempo, para conocer las cartas del destino. Un poco más de tiempo, para respirar cada mañana y ver el suelo crecer.
Un poco más de tiempo, para olvidar las heridas, para mirar en torno a la vida, para tomar aquellas cosas que parecieron a un tiempo imposibles e improbables.
Un poco más de tiempo, para llevar la narración palabra por palabra en los confines de lo que se puede hacer, de lo que se puede soñar.
En los confines de lo que se puede vivir.
-- Desde Mi iPad
Un poco más de certeza, un poco más de tranquilidad. Un poco más de rumbo y camino.
Un poco más de tiempo, dentro de lo que cabe, para mirar las cosas que son precisas de observar. Un poco de tiempo para soñar, para llevar los sueños hasta el amanecer.
Un poco más de tiempo, para conocer las cartas del destino. Un poco más de tiempo, para respirar cada mañana y ver el suelo crecer.
Un poco más de tiempo, para olvidar las heridas, para mirar en torno a la vida, para tomar aquellas cosas que parecieron a un tiempo imposibles e improbables.
Un poco más de tiempo, para llevar la narración palabra por palabra en los confines de lo que se puede hacer, de lo que se puede soñar.
En los confines de lo que se puede vivir.
-- Desde Mi iPad
Thursday, October 14, 2010
PENSAMIENTO DE FRONTERA
Esta parte del país tiene más cosas en común con los Estados Unidos que con este país.
Una barda que lo cruza todo en forma violenta y que se asoma como una cicatriz enmedio del desierto.
Un tiempo que corre como entre asomos de arena.
Una música que se mezcla enmedio de la vorágine de los idiomas impostados.
Un lugar que es todos los lugares y ninguno por cierto a la vez.
Es este lugar Tijuana.
-- Desde Mi iPad
Una barda que lo cruza todo en forma violenta y que se asoma como una cicatriz enmedio del desierto.
Un tiempo que corre como entre asomos de arena.
Una música que se mezcla enmedio de la vorágine de los idiomas impostados.
Un lugar que es todos los lugares y ninguno por cierto a la vez.
Es este lugar Tijuana.
-- Desde Mi iPad
Thursday, September 30, 2010
CANCION DE LA MAÑANA
Byakkoya no Musume
Takaku sora syu ni some hi no moeru gotoku no kumo moyou
Ano hi ya ano hi ya ano toki ni nakusita michi wo mise
Kurikaesi yume ni fuku kaze wo oi toki wo kudari
Kawa zoi ni kawa zoi ni mimo shiranu shihuku no hana wo mita
High up in the sky, dyed in vermillion, clouds arise like a fire burning.
It shows you the way you lost on that day, on that day.
Chasing the wind blowing repeatedly in your dream, you go down the flow of time.
Along the river, along the river, you saw an unknown flower of felicity.
-- Desde Mi iPad
Takaku sora syu ni some hi no moeru gotoku no kumo moyou
Ano hi ya ano hi ya ano toki ni nakusita michi wo mise
Kurikaesi yume ni fuku kaze wo oi toki wo kudari
Kawa zoi ni kawa zoi ni mimo shiranu shihuku no hana wo mita
High up in the sky, dyed in vermillion, clouds arise like a fire burning.
It shows you the way you lost on that day, on that day.
Chasing the wind blowing repeatedly in your dream, you go down the flow of time.
Along the river, along the river, you saw an unknown flower of felicity.
-- Desde Mi iPad
Saturday, September 25, 2010
Despertar
Ha pasado más de un año y me entero de que finalmente, la muerte de Alí ha sido castigada. Su asesino recibirá más de 40 años en prisión.
Claro, quedan las apelaciones y otros recursos legales. Quedan más escalones aún para decir que este episodio ha terminado, pero podemos decir que para efectos prácticos el asunto ha concluido.
Pero queda una duda quemante. ¿Por qué?
A un año de la tragedia no hallo la razón que justificara su aniquilación. Sigue el agujero de la memoria de sus últimos días. Se que difícilmente puede vislumbrarse el motivo profundo de un asesinato, que las nieblas de la sinrazón siempre nublan la voluntad en la hore de cometer un acto tan brutal y definitivo.
Pero quedan preguntas. ¿De verdad nadie pudo haber previsto un acto así? ¿Acaso todo sucedió por sorpresa realmente? ¿No hubo signos ominosos? ¿Amenazas? ¿Nada?
Y esa es la nada que me queda. Un asesino en la cárcel. Una poetisa aniquilada. Amigas que la recuerdan por las consignas que defendió y en la última fila de butacas me hallo yo.
Decidiendo terminar las últimas piezas del rompecabezas o dejar mis preguntas y mis lamentos de una vez por todas en los archivos de la memoria.
Hacer lo que hice desde mucho tiempo. Resumirla en una onomatopeya.
-- Desde Mi iPad
Claro, quedan las apelaciones y otros recursos legales. Quedan más escalones aún para decir que este episodio ha terminado, pero podemos decir que para efectos prácticos el asunto ha concluido.
Pero queda una duda quemante. ¿Por qué?
A un año de la tragedia no hallo la razón que justificara su aniquilación. Sigue el agujero de la memoria de sus últimos días. Se que difícilmente puede vislumbrarse el motivo profundo de un asesinato, que las nieblas de la sinrazón siempre nublan la voluntad en la hore de cometer un acto tan brutal y definitivo.
Pero quedan preguntas. ¿De verdad nadie pudo haber previsto un acto así? ¿Acaso todo sucedió por sorpresa realmente? ¿No hubo signos ominosos? ¿Amenazas? ¿Nada?
Y esa es la nada que me queda. Un asesino en la cárcel. Una poetisa aniquilada. Amigas que la recuerdan por las consignas que defendió y en la última fila de butacas me hallo yo.
Decidiendo terminar las últimas piezas del rompecabezas o dejar mis preguntas y mis lamentos de una vez por todas en los archivos de la memoria.
Hacer lo que hice desde mucho tiempo. Resumirla en una onomatopeya.
-- Desde Mi iPad
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