Friday, December 08, 2006

LOS TOROS DESDE LA BARRERA

Pues bien, debo decir con toda desfachatez de que me enteré de la asunción de Felipe Calderón como presidente de México, cómodamente sentado en el lobby del hotel W Times Square de Nueva York. Enviado a una asignación de una de las revistas para las que gustosamente laboro, sólo fue hasta que me conecté a la red que me enteré de que por medio de las artes mágicas de la televisión y del Estado Mayor presidencial fue que el presidente saliente y el entrante lograron hacerse del control del espacio necesario para que sucediera la ceremonia legal de la transmisión de poderes.

Aunque se ha discutido la temeridad (y del riesgo implícito) en el que incurrió Felipe Calderón al asumir en modo tan repentino su presidencia, a toro pasado puede afirmarse que era el único camino que le quedaba: de haber asumido su presidencia en otro lugar y de otro modo, cada decisión hubiera sido cuestionada severamente por la oposición, que le hubiera debilitado el ejercicio del poder y hubiera sido causal inclusive de controversias jurídicas interminables.

Y de todo el desmadre me vine a enterar a miles de kilómetros de distancia. Y debo agregar, como se lo he dicho a mis amigos, que esta clase de teatros allende las fronteras sólo sirve para nutrir la sección de notas curiosas y los espacios previos a los comerciales. En los Estados Unidos han perdido el contacto con su vecino sureño y han renunciado a él de la manera más cruel que existe: borrándonos del mapa.

Pero en cierta medida no los culpo. La única cosa por la que destacamos es por la cantidad de migrantes que el país les arroja diariamente en sus fronteras, las escaramuzas entre narcotraficantes y policías (amén de otros crímenes que allá consideran totalmente barbáricos como las decapitaciones que aquí ya son parte de la existencia cotidiana) y las interminables escenas de nuestra transición a puñetazos y sillazos. ¿Cómo tomar a nuestro país en serio?

Pero regresando a Nueva York, para uno que apenas comienza la vida viajera, es impresionante lo hermoso que puede ser el caos cuando es debidamente ordenado. Tomemos el ejemplo de Times Square (zona donde me hospedé varios días): bulliciosa, ruidosa y atormentadoramente BRILLANTE (por allí leí que es la única zona del mundo que requiere a sus inquilinos colocar anuncios luminosos). Sin embargo, el orden es impresionante: la prescencia policíaca es discreta pero muy presente, y aunque como buen forastero, me sentí muy inseguro, todo fue cosa de algunas horas para que me aventara a salir del hotel en busca de una tienda de Apple a eso de las 10 de la noche.

A esa hora todo mundo saca la basura a las aceras y se forman verdaderos muros de bolsas negras que generan una atmósfera poco acogedora (si tomamos en cuenta que además por las coladeras sale un vapor entre siniestro y malolinete. Sin embargo, para las 7 de la mañana toda la basura ya había sido recogida y las calles mostraban una soledad helada que paradójicamente tranquilizaba el espíritu cual si fuera el preámbulo silencioso de una sinfonía caótica… un poco como la Rapsodia en azul de George Gershwin.

Me encantó la ciudad, su frío, su ambiente incomprensible y a la vez acogedor; la monumentalidad que lo rodea todo, el enredado vericueto de todos los idiomas que allí se hablan, las combinaciones infinitas de la gente que allí reside y sobre todo, sentir el espíritu de una urbe que mantiene un equilibrio delicado entre la diversidad y el propósito común. Una cosa que puede atemorizar a unos, pero en lo personal me sedujo.

Además, se pueden conseguir computadoras maravillosas en la tienda Apple de la quinta avenida. Je.

APUNTE POLITICO: SE ACABO EL PAN DE A PIQUITO
Y llegó Calderón y mandó parar. De un día para otro hemos visto cómo el desorden foxista es reemplazado por una aplicación de la ley y el orden que para algunos ha sido excesivo, pero que definitivamente muestra una diferencia respecto del caos que dominó la caída anímica de Vicente Fox, quien después de su fallido desafuero perdió todo el aire y terminó hundiéndose en la depresión y por poco y el desmayo.

Las detenciones realizadas en Oaxaca han hecho que los appistas (es decir, los seguidores de la APPO) se tengan que poner a resguardo de la acción de las autoridades. Es muy temprano para decir si la cosa terminará aquí o si seguirá con las baterías apuntando al gobernador de Oaxaca, quien cree que con esto la cosa ya terminó y su cabeza se ha salvado.

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