Tuesday, August 19, 2008

ONTOLOGIA DE LA DERROTA OLIMPICA

Leo con atención los comentarios que se han hecho del desempeño de la delegación mexicana en estas olimpíadas. Encuentro dos tendencias:

1.- .... nches directivos, holgazanes, mafiosos, vividores del presupuesto. Sus grillerías tienen al deporte mexicano contra las cuerdas y son responsables de nuestra miseria.

2.- .... nches deportistas, holgazanes, perdedores con cargo al erario. Buenos para nada que de su mediocridad sólo nos llena de vergüenza.

Yo creo que, más allá de las miserias del deporte mexicano, hay un asunto que se ha dejado soslayado entre tantas eliminaciones y derrotas.

¿A qué va México a los Juegos Olímpicos?

Un poco, al ejemplo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, un país no propone ser miembro de este órgano nada más porque sí. Un país busca ser parte del Consejo de Seguridad porque quiere defender una posición, porque desea proteger algún interés nacional, porque tiene algo que decirle al mundo.

Los Juegos Olímpicos son algo muy semejante. Desde las olimpíadas de Alemania en 1936, los países que participan y organizan estos eventos lo hacen con una misión particular. Puede ser, en caso de naciones como China, que a toda costa buscan demostrar por el deporte que son una potencia de orden mundial, o Cuba que desea mostrar que su sistema socialista es eficiente en el deporte.

Sin embargo, las reivindicaciones pueden ser más especializadas: Jamaica busca demostrar que sus corredores de corta distancia son los más rápidos del planeta. Rumania de la época socialista buscaba mostrar que sus gimnastas no tenían comparación. Bueno hasta naciones como Etiopía muestran que sus corredores de fondo son los mejores.

A lo largo del siglo XX (cuando el deporte y el olimpismo moderno emergieron), México sostuvo ante el mundo una peculiar doctrina que se resumía de la siguiente forma: nosostros no nos queremos meter con nadie, ahora lárguense de aquí. La política derivada de la Doctrina Estrada, espoleada por las necesidades de un sistema autoritario que no le interesaba ser sujeto de la mirada del mundo hizo que México ni siquiera se planteara un objetio deportivo ante el mundo.

Para efectos prácticos, el país nunca ha tenido un propósito deportivo y si han surgido escuelas deportivas (como la llamada escuela mexicana de caminata o la escuela mexicana de clavados) ocurrieron por combinaciones de buena suerte, triunfos súbitos y apoyos coyunturales. Con el pasar del tiempo, el esfuerzo desarrollado se pierde entre las borrajas de los vaivenes de la plítica y lo ganado se pierde.

¿Como arreglar la situación? Tal como sucede en otros problemas, las soluciones son varias. Pero desde mi punto personal de vista, sólo hay un camino: definir qué quiere mostrarle México al deporte mundial y abocarse a ello. De lo contrario, estaremos condenados a colgarnos de garbanzos de a libra que coloquen al país en el cuadro de medallas.

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