Wednesday, October 03, 2007

MURAKAMI, TRISTEZAS HAWAIANAS

Debo confesar que soy un rendido admirador de los novelistas japoneses. Su delicadeza para rebanar almas y cuerpos es imbatible frente a las toscas armas que Occidente emplea para tratar de poner en letras sus tribulaciones. Y precisamente, uno de los autores que más me han impactado en mi vida ha sido Haruki Murakami, un japonés cuya novela Tokio Blues me golpeó como un martillo hace algunos años.

La soledad, la muerte, el sexo como ruido de fondo. Grandes temas novelísticos que solamente se revelan después de análisis concienzudos de lo que es la personalidad de quienes ya pasamos de la veintena y de pronto nos encontramos en la trinchera de los conflictos entre el pasado y el futuro.

En esas andaba cuando me encontré con una entrevista que se le realizó al autor en la isla de Hawai, donde reside actualmente. Y bueno, en la entrevista revela una de las cosas que más me gusta de los artistas japoneses: su reticencia a tragarse la piedra de molino de la fama y el reconocimiento público.

Desligándose de las ideas occidentales del artista como persona torturada por demonios varios y llenos de espiritualidades exóticas, solamente cubiertas con igualmente exóticas peticiones al mundo, Murakami se asume como un hombre que se dedica a escribir, ni más ni menos; un hombre que gusta del jazz, del baseball, del triatlón y de la vida sin fama ni reflectores. Todo un anti Tom Wolfe.

Esa es la actitud que me gusta. La del escritor como un hombre que sólo responde al llamado de sus inquietudes, pero que no le impide sentarse de ver la televisión o a salir a correr en la mañana. Cero poses de diva, cero fiestas pantagruélicas, cero exposición a los medios (pese a ser uno de los manjares de cualquier periodista literario) y sobre todo, cero exposición a los demás: la obra literaria como único prisma de introspección, única vía de comunicación con el mundo. El escritor en la sima de la fama (sí, dije sima con ese).

A veces algunos amigos me preguntan si no estaría bueno que saliera yo en televisión (que ha habido un par de oportunidades de salir en ella, aunque nadie me lo crea), en realidad pienso que yo no nací para la imagen. Prefiero el anonimato de ser un periodista, quizá de los pocos que tiene el privilegio de escribir a su aire y de convivir consigo mismo sin mayor intrusiones.

Aunque, eso ahora esta a discusión porque...

VOLVER CON LA OTRA
Y aunque suene a telenovela, así ha sucedido porque mi hermana ha vuelto a la casa. Debo decir que la idea no me causó la menor gracia. Volver a compartir espacios luego de haberlos tomado es algo ciertamente incómodo y me toma tiempo aceptar de nuevo a otra persona en casa.

No sé, pero siento que estos meses viviendo sólo me dejaron una huella más honda incluso de lo que me atrevo a admitir hoy. Pero sólo el tiempo dirá cuáles fueron las lecciones aprendidas.

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