Friday, June 19, 2009

UN NUEVO KIERKEGAARD

La descripción de lo moderno es la narración de las incertidumbres. Al menos es lo que interpreto después de leer una libro de Sören Kierkegaard, un filósofo que tangencialmente vino a mi existencia cuando yo era estudiante pero que, confieso, me pasó de largo.

Ahora que regreso a él, con algunas experiencias sobre la cabeza, es que me encuentro con un hombre agotado por la culpa, que sólo le queda el camino de la huida hacia adelante. Es así como se construyen las existencias reales; decir verdaderas sería quizá demasiado pretencioso.

Y aquí que estamos, bebiendo café, haciendo una pausa en el torrente de los deberes por cumplir.

Me encantó Kierkegaard. Cada vez me convenzo más y mejor que las pequeñas decisiones, como dice Borges en un cuento mítico, pueden tener consecuencias catastróficas. He llegado al momento de la existencia en la que me confieso tocado por la desilusión profunda. No puedo decir que de la desesperación, sólo del desencanto que proviene de las decisiones que no tienen marcha atrás.

Pude haber sido el ciudadano "cívico" que todos esperaban de mi. Pude haber sido el hombre de familia que la sociedad se hubiera complacido de mi. Podría estar enmedio de mi vida, consciente y satisfecho del deber cumplido, de las pequeñas atenciones de la vida, de las microscópicas creencias de las discusiones familiares, del mañana del vencimiento.

Sin embargo, ¡qué fácil es despreciar algo que te ha cerrado la puerta en las narices! No es cómodo vivir con ello, no es fácil interiorizar que los detalles de la existencia seguirán con nosotros sin importar lo que suceda hoy o mañana. Minuciosamente he caminado por las justificaciones y los cuentos de hadas. Pudo haber sido esto, lo otro, aquello de más allá, pero hoy ya no importa, el sendero se construye a sí mismo y no tiene marcha atrás.

Aún recuerdo mis días de adolescente. ¿Cambiaría esto por aquello?, ¿la tibieza cálida por esta huida hacia Yasnaia Poliana? Alguien me preguntaba cuántos libros había leído en mi vida. Le dije la primera cifra que me vino a la mente, pero creo que fueron demasiados, aún si le hubiera dicho que uno, ese uno ya ha sido más de lo tolerable, para cualquier otro.

Muchos habrían abandonado el barco, se habrían entregado al dulce sopor del frío congelante, pero como le sucedión a Iván Denisovich, he decidido quedarme aquí, pelear y seguir construyendo mis rieles que me llevan ás profundo hacia las estepas siberianas que radican entre cada hora que corro para cumplir mis deberes.

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