Saturday, October 22, 2005

SUPER DE MEDIANOCHE

Para el Oso

Platicando el día de hoy con mis padres, no sabían que una de mis actividades favoritas entre semana es acudir a los supermercados que abren las 24 horas del día para hacer las compras. Desde que decubrí (bendito sea que vivamos en una megalópolis) que algunas cadenas de autoservicios decidieron lanzarse en pos del público noctámbulo decidí que la compra la haría en las altas horas de la madrugada. Después de la 1 de la mañana la fauna que puebla el supermercado al que acudo se conforma principalmente por desvelados en búsqueda del último pomo de la noche o el primero del día, gente que trabaja en el otro extremo de la ciudad y que por desventura se dió cuenta de que les faltaba comprar la cena, uno que otro animal exótico fugado de los rincones oscuros de los barrios que rodean mi casa, enamorados en ciernes que compran los bastimentos necesarios para una noche de pasión, preservativos incluidos.

En lo que a mí respecta, me encanta pasear por los vacíos espacios de la tienda, mirando detenidamente las latas de la compra, los paquetes de carne congelada; leyendo las instrucciones para preparar chilorio en lata (como sabrán de posts anteriores, la cuestión de las instrucciones se me ha vuelto una obsesión personal), chilaquiles deshidratados, y ¿por qué no? Aprendiendo las instrucciones para utilizar gel desinfectante, toallitas húmedas y los contenidos de las nuevas comidas para mascotas. Lo interesante es que, al estar en el súper a esas horas recordé los versitos de una canción de Fangoria (antes Alaska) titulada Interior de una nave espacial.

Pareces algo
y no eres nada.


¿Será el resultado de ver lenguas de res congeladas en aséptica exposición?, ¿a lo mejor por las reacciones encontradas que despierta la impresionante oferta de papeles sanitarios?, ¿no podría ser ni más ni menos que la reacción alérgica ante el enorme espacio iluminado por las mortecinas luces de neón?

Quién sabe, pero se los recomiendo, es un interesante ejercicio para quienes aman (y también para quienes odian) nuestra sociedad de consumo.

Comentario tecnológico
Desde que toqué por primera vez una computadora Mac hace ya más de 10 años, sentí que había encontrado a un compañero para el resto de mi vida. Y así ha sido; ahora que me encuentro probando el nuevo sistema operativo Tiger en mi viejita computadora (una venerable laptop iBook G3 a 500 Mhz comprada con mis ahorros en 2001) me doy cuenta de que los chicos de Steve Jobs no me han decepcionado. Una computadora PC con la mismaedad ya estaría de pisapapeles, mientras que la manzanita con la que escribo este texto ha aguantado como los grandes y no sólo se resiste a ser obsoleta, sino que el sistema operativo le ha dado nueva vida y sobre todo... ¡más velocidad! Casi un milagro en este mundo de computadoras que se quedan obsoletas en apenas unos meses. Un hurra por los discípulos de Steve Jobs y por mi máquina que sigue aguantando contra viento y marea los embates de la modernidad tecnlógica.

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