Wednesday, August 26, 2009

LITERARIA - POLITICA

Soren Kierkegaard y Marcel Proust lo previeron con gran acierto: la inteligencia conquista lo que el deseo busca.

Leo estos y otros autores para comprender el dulce oficio de romper una a una las barreras que resguardan los tesoros de la voluntad.

Y ahora pasando a lo político...

Juanito
En el panorama de la política nacional, es poco lo podría decirse de Rafael Acosta, alias Juanito que no se haya dicho ya: que si es un pobre diablo bendecido por fuerzas más allá de su comprensión; que si representa una vergüenza para quien lo elevó al tzompaltli de la delegación Iztapalapa o si es el último capítulo de esa maquinación entre difusa y revolucionaria que es la resistencia pacífica.

El tema me interesa porque, curiosamente, representa una de las características menos estudiadas de nuestra psique. Somos un pueblo poco acostumbrado a los vuelcos de la fortuna, ni los malos ni los buenos: no solemos prepararnos para la eventualidad de perder el empleo, ¿por qué habría uno de prepararse para ganar una elección?

Sin embargo, con todo este ruido de por medio, aún nos deben una explicación, no del hecho político, sino del dramatis personae de una persona que al parecer oscila entre la farsa, la mentira y el humilde origen de quien se hizo a sí mismo, no por presunción, sino porque no le quedó de otra.

Y claro que todo esto tiene mucho de literario; una suerte de personaje kafkiano, que de la nada emerge, sin saberla ni temerla, hacia el ojo del huracán de la política nacional. Habrá que tener muy a ojo no sólo la historia de este tipo, sino la de ese submundo de la política que representan los candidatos de relleno, que los partidos políticos colocan en distritos, estados y municipios para no dejar el espacio en blanco: personas de variopinto origen que usualmente se hallan en esa posición fruto de las más raras historias y coincidencias.

Y por supuesto, que todo esto es una lección para quienes votan por consigna, sin más criterio que el del líder que les ordenó elegir por alguien de quien ellos no tenían ni la menor idea y que sólo hacen lo que se les dice.

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