Saturday, December 10, 2005

¿POR QUE NO TENGO COCHE?

Si algo me caracteriza en la vida es la ausencia de un vehículo para moverme. Una vergüenza para alguien egresado de una de las instituciones educativas más costosas de nuestra patria. Se que para el convencionalismo de algunas personas que andan en mi edad esto es motivo de escándalo puesto que el libreto de la vida depararía a estas alturas la posesión de una linda nave recién salida de agencia, amén de que debería estar pensando en un lindo departamento desde el cual divisar la ciudad con imponente paisaje mientras mi trabajo me conduce hacia la plenitud material.

Es difícil renunciar al estereotipo.

A lo largo de mi vida me la he pasado buscando la realización personal (o omo gusten definir al estado de satisfacción que le viene a uno por vivir la vida añorada) por medio de mi trabajo. Contrariamente a lo que sucede con la mayoría de mis compañeros, que ascienden presurosos por los escalones del progreso material y espiritual, es que me he dado a la tarea de vivir escribiendo y narrando lo que el mundo tiene como reflejo cotidiano.

Y he pagado un precio por ello, un precio que desde ya le comparto a todo aquel que quiera dedicarse a esto de la escritura y el periodismo. No es una vida de lujos. No es que viva en una caja de cartón al aire libre (prueba cínica de ello es que redacto el presente texto en pijama desde mi recámara con calefacción) sino que nadie debe esperar a vivir esta vocación por la letra invadido por el deseo de hacerse de una casa en la playa o de un vehículo de manufactura sueca. Los placeres del periodista y del escritor se circunscriben a la mera existencia en la contemplación del gran teatro de la vida. Claro, no es que uno tenga que renunciar a los deseos, son parte sustancial de la existencia humana, pero debe quedar claro que las expectativas de la vida se encuentran en una parte inferior, supeditada al dictado permanente de esta vocación devoradora que a uno lo lleva a vivir en el deseo de la posesión, no de la materia ni de la carne, sino del etereo acontecimiento.

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